Galería: EL CRISTIANISMO Y CONSTANTINO I

 

 

EL CRISTIANISMO EN EUROPA

Y

CONSTANTINO I EL GRANDE

 

Cabeza de bronce de Constantino

 

EMPERADOR ROMANO

 

en la

 

GALERIA HUMANISTA

 

Galería de recuerdo y tributo de personas relevantes en la historia de la Humanidad, con el convencimiento de que: “La persona es siempre y en todo el principio y fin, del trabajo, de la ciencia, del progreso económico y de la historia de los pueblos”.

 

HUMANISMO – 6

 

Galería de cultura universal, como: “Conjunto de conocimientos, sociales, artísticos, literarios, históricos, científicos o de cualquier otra índole, que el ser humano posee como fruto del estudio, de la experiencia, etc.”.

I – LIBERTAD PLENA AL CRISTIANISMO

Desde su fundación, por Jesucristo, la Iglesia católica sufrió persecuciones, primero por parte de las autoridades judías, en Palestina, y posteriormente, desde el año 64, de los emperadores romanos. Durante dos siglos y medio el cristianismo fue declarado como una religión ilícita (christianos esse non licet) en el Imperio romano, y sus fieles podían ser condenados a muerte. De hecho fueron innumerables los que murieron como mártires de su fe en este período.

 

La perseverancia de estos primeros cristianos, la mayor parte de los cuales no llegaron a ver el final del túnel, tuvo su recompensa, y la cruz logró triunfar sobre el mayor poder de la Antigüedad, Roma.  

Los Martires en el coliseo Romano

Apenas diez años después de la última sanguinaria y gran persecución, la de Diocleciano (303), la situación cambió súbitamente, dando un giro de 180 grados, gracias a un nuevo emperador, Constantino, para muchos cristianos auténtico instrumento de Dios.

Constantino había conocido de cerca el cristianismo: fue testigo de la persecución del 303, y, seguramente, pudo apreciar la coherencia de vida, las virtudes y el ejemplo valiente de personas de su entorno, fieles seguidores de Cristo. Es razonable que, en este ambiente, en su afán de búsqueda, se planteara la posibilidad de que el Dios de los cristianos fuera el único y verdadero Dios.  

Constantino I – Fin de las Persecuciones Cristianas – Parte I

Las dudas de Constantino se disiparon a partir del 312. Ese año logró vencer en la guerra civil a su enemigo, Majencio. Los historiadores coetáneos de Constantino, Lactancio y Eusebio de Cesarea, nos hablan de unos hechos extraordinarios, que Eusebio asegura fueron relatados por el propio emperador. Según esta historia, en vísperas de la batalla final, el emperador y su ejército fueron testigos de cierto resplandor en el sol, como si fuera una cruz. La visión estuvo acompañada por unas palabras: “con este signo vencerás” (in hoc signo vinces).

Visión en la batalla del puente Milvio

Después, Constantino tuvo un sueño en el que se le indicaba que utilizara una imitación del signo observado en el cielo. Entonces, el emperador ordenó realizar un estandarte donde figuraba el monograma de Cristo, formado al superponer las dos letras con las que comienza el nombre de Cristo en lengua griega. También, según Lactancio, el emperador hizo grabar este monograma en los escudos de los soldados. Con estos símbolos cristianos Constantino se enfrentó a su enemigo Majencio, venciéndole a las afueras de Roma, en la batalla del Puente Milvio, el 28 de octubre del 312.

Lábaro de Constantino

Cuando, poco después, el triunfador entraba en Roma, evitó subir al Capitolio para ofrecer un sacrificio de agradecimiento, como era tradicional. Unos meses más tarde, Constantino y Licinio, coemperador de la parte oriental del Imperio, se reunieron en Milán y acordaron publicar el conocido como Edicto de Milán (313), por el cual se concedía plena libertad al cristianismo. La Iglesia adquiría así categoría legal, colocándose en pie de igualdad con la religión oficial romana.

Constantino I – Fin de las Persecuciones Cristianas – Parte II

 Además de su experiencia de búsqueda personal, es muy posible que, a la hora de considerar positivamente el cristianismo, Constantino, como buen político, sopesara las ventajas que la vitalidad y fuerza de la nueva fe podían suponer para la sociedad y el Estado, ayudando a regenerar el decadente Imperio romano. En este sentido, es preciso aclarar que los dioses grecorromanos hacía tiempo que ya no satisfacían a los individuos con auténtica sed espiritual. El paganismo estaba en crisis. De ahí, en parte, la expansión del cristianismo, el cual, en opinión de algún autor, podía suponer, hacia el  300-312, un 10 % de la población del Imperio.

Constantino con su madre, Santa Elena

Otro factor que, sin duda, debió ayudar en algún momento del proceso que llevó a Constantino a reconocer y aceptar el cristianismo, fue la influencia de su madre, la emperatriz Sta. Elena, mujer recordada por su peregrinación a Palestina, donde encontró la Santa Cruz. 

La conversión de Constantino fue algo gradual, pero, aun cuando llegó al convencimiento de que la fe cristiana era la verdadera, el emperador fue posponiendo el momento de su bautismo, al que sólo accedió poco antes de morir, en el 337. Además, a lo largo de su reinado mantuvo el cargo de pontifex maximus, es decir, sumo sacerdote de la religión pagana. 

Conversión de Constantino

Desde el Edicto de Milán la actitud de Constantino será cada vez más favorable a la Iglesia. No obstante, podemos distinguir dos etapas separadas por el año 324, fecha en la que derrota a Licinio. En el primer período el emperador mantiene una postura respetuosa con la religión tradicional y a partir del 324 la balanza se inclinará inequívocamente en favor del cristianismo, marcando distancias frente al paganismo.

El ejemplo del emperador, cada vez más comprometido con la Iglesia, provocará un gran impacto en la sociedad. El cristianismo, en cierto modo, se pone de moda, las conversiones se multiplican y aquella fe que hasta hacía poco estaba proscrita empieza a transformarse en un fenómeno de masas.

Paralelamente a esta movilización de la sociedad en la dirección de los valores del Evangelio, Constantino pondrá en marcha toda una serie de medidas legales que promoverán el cambio, la cristianización de la sociedad. Dichas medidas tendrán continuidad en los siguientes reinados. Se inicia, de este modo, un proceso irreversible, en el que, en menos de un siglo, se pasará de la conversión de Constantino a la cristianización del Imperio romano. 

Constantino I – Fin de las Persecuciones Cristianas – Parte III

Para comprender mejor la magnitud del cambio es preciso recordar algunas de las realidades sociales precristianas que más chocaban con los valores de la Iglesia: el abusivo poder del padre en la familia, la aceptación del infanticidio y del aborto, los desórdenes en la práctica de la sexualidad, el divorcio, la esclavitud, la crueldad e inmoralidad de ciertos espectáculos, etc. En el caso, por ejemplo, del paterfamilias o jefe de la familia, el Derecho Romano le otorgaba una potestad perpetua sobre la mujer, los hijos y los esclavos que, para los hijos, no desaparecía cuando éstos alcanzaban la madurez o se casaban y tenían descendencia. Sólo la muerte del padre hacía plenamente independientes a los hijos.

El “paterfamilias” podía castigar, exponer, vender y aun matar al hijo. Los esclavos tenían el tratamiento de cosas, no podían contraer matrimonio civil, y el amo podía venderlos, arrendarlos, exponerlos e incluso darles muerte. Por otra parte, las leyes romanas no penalizaban la muerte de los recién nacidos ni les protegían contra esa eventualidad.

El romano Séneca (4-65 d. C.), filósofo estoico, defendía la práctica del infanticidio: “a los perros locos les golpeamos en la cabeza, (…), a la progenie antinatural la destruimos, y asfixiamos a los niños que al nacer son débiles o anormales”. En ocasiones el infanticidio podía provocarse cuando nacían más niñas de las deseadas.

Constantino I – Arco en Roma

Es cierto que, desde el siglo I d. C., determinados aspectos de algunas de estas costumbres y leyes se habían suavizado; sin embargo, los cambios realmente significativos e importantes tendrán lugar con Constantino y sus sucesores.  

II –CONSTANTINO I

Cayo Flavio Valerio Aurelio Constantino nació en Naissus (la actual Nis, en Serbia), hijo de Constancio Cloro y de Elena, un 27 de febrero de no se sabe qué año, aunque los historiadores no dudan en situarlo entre el 270 y el 288, en pleno período de “desgobierno militar” del Imperio Romano. Las reformas de Diocleciano intentaban estabilizar la situación mediante el nombramiento de dos emperadores o augustos y de sus respectivos sucesores (o césares). Su padre, Constancio Cloro, fue nombrado sucesor de Maximiano y se separó de Elena para contraer matrimonio con Teodora, hija adoptiva de su emperador.

Busto de Constantino el Grande

Constantino pasó la mayor parte de su infancia en los campamentos militares romanos acompañando a su padre. Cuando Constancio Cloro fue proclamado césar de los Alpes Occidentales en el 293, Constantino fue enviado a la corte del emperador Diocleciano, al que acompañaría en su expedición a Egipto del año 296. Educado con esmero en la corte de Diocleciano en Nicomedia (la actual Izmir, en Turquía), estuvo en contacto con los numerosos cristianos de la corte imperial y de las ciudades del este y fue testigo de excepción de la persecución que Diocleciano desencadenó en el 303 contra los cristianos.

Estatua de Constantino en York

Constantino logró el permiso de Galerio para viajar a Britania para reunirse con su padre. Y, tras la muerte de Constancio Cloro en Ebocarum (York), sus topas le proclamaron augusto en la misma ciudad el 25 de julio del 306. Pero Galerio se negó a confirmar su nombramiento como augusto, y a Constantino se le permitió administrar las provincias asignadas a Constancio Cloro (Galia, Britania e Hispania).

 

 

Finalmente sería reconocido augusto por el anciano emperador Maximiano, que había vuelto a la vida política, y con cuya hija Fausta contrajo matrimonio el 31 de marzo de 307. Habitualmente entre los historiadores se ha fijado este último año como la fecha en la que se produjo el inicio del reinado de Constantino I.

III – BIOGRAFIA DE CONTANTINO I EL GRANDE

Al principio del siglo IV, el imperio estaba gobernado por una tetrarquía: dos augustos, Diocleciano y Maximiano, y dos césares, Constancio Cloro y Galerio, compartían el poder. El joven Constantino sirvió en la corte de Diocleciano en Nicomedia tras el nombramiento de su padre como uno de los dos césares de la Tetrarquía en 293.

Imperio romano – Constancio Cloro

El año 305 marcó el final de la primera tetrarquía con la renuncia de los dos augustos Diocleciano y Maximiano. De esta forma los dos césares accedieron a la categoría de augusto y dos oficiales ilirios fueron nombrados nuevos césar. La segunda tetrarquía quedaba así formada: Constancio Cloro y Severo II, como augusto y césar respectivamente, en occidente y Galerio y Maximino Daya en la parte oriental del imperio.

Inicios del cristianismo en el imperio romano, Constantino 1 introducción.wmv

Sin embargo, Constancio Cloro cayó enfermo durante una expedición contra los pictos en Caledonia, muriendo el 25 de julio de 306. Su hijo Constantino se encontraba junto a él en su lecho de muerte en Eboracum (actual ciudad de York, Inglaterra), en la Britania romana y las tropas leales a la memoria de su padre le proclamaron augusto (emperador). Simultáneamente, el césar occidental Severo II, era proclamado augusto por Galerio. Ese mismo año el pueblo de Roma nombra emperador a Majencio, hijo del anterior tetrarca Maximiano. Este último regresa también a la escena política reclamando el título de Augusto.

 

Constantino I

Comienza así un período de 20 años de conflicto que culminará con la asunción del poder absoluto por Constantino el Grande. De este primer grupo de contendientes el primero en caer fue Severo traicionado por sus tropas; mientras que por su parte Constantino y Maximiano concertaban una alianza. Al final del año 307 había 4 augustos: Constantino, Majencio, Maximiano y Galerio y un solo césar, Maximino Daya.

Inicios del cristianismo en el imperio romano, Constantino 2 .wmv

Finalmente, Majencio fue relegado por los tres augustos restantes y finalmente vencido por Constantino en la batalla del Puente Milvio, en las afueras de Roma, el 28 de octubre de 312. Una nueva alianza entre Constantino y Licinio selló el destino de Maximino que se suicidó tras ser vencido por Licinio en 313.

La batalla de puente Milvio

A partir de este punto el imperio quedaba dividido entre Licinio, en occidente, y Constantino en oriente. Tras los enfrentamientos iniciales, ambos firmaron la paz en Serdica en 317. Durante este período ambos nombraron césares según su conveniencia entre los miembros de su familia y círculo de confianza. En el año 324, nuevos enfrentamientos terminaron con la victoria de Constantino sobre Licinio en Adrianópolis y Crisópolis.

Constantino representa el nacimiento de la monarquía absoluta, hereditaria y por derecho divino. Durante su reinado se introdujeron importantes cambios que afectaron a todos los ámbitos de la sociedad del bajo imperio. Reformó la corte, las leyes y la estructura del ejército. Constantino trasladó la capitalidad del imperio a Bizancio a la que cambió el nombre por Constantinopla.

Constantino I el Grande

Además de haber sido llamado honoríficamente “El Grande” por los historiadores cristianos tras su muerte, Constantino podía presumir de dicho título por sus éxitos militares. No sólo reunificó el imperio bajo un solo emperador, sino que obtuvo importantes victorias sobre los francos y los alamanes, etc.

Muerte de Constantino I

Constantino I falleció, por enfermedad en 337, 31 años después de haber sido nombrado emperador en Britania. Al final de su vida y sólo antes de morir se bautizó para morir como un cristiano.

IV – EL CRISTIANISMO EN EL IMPERIO ROMANO

Aunque el cristianismo no se convertiría en religión oficial del Imperio hasta el final de aquel siglo (un paso que daría Teodosio en el 380 con el Edicto de Tesalónica), Constantino dio un gran poder a los cristianos, una buena posición social y económica a su organización, concedió privilegios e hizo importantes donaciones a la Iglesia, apoyando la construcción de templos y dando preferencia a los cristianos como colaboradores personales.

Constantino entrega Occidente a la Iglesia

 

Donación de Constantino I al Papa Silvestre I

Como resultado de todo esto, las controversias de la Iglesia, que habían existido entre los cristianos desde mediados del siglo II, eran ahora aventadas en público, y frecuentemente de una forma violenta. Constantino consideraba que era su deber como emperador, designado por Dios para ello, calmar los desórdenes religiosos, y por ello convocó el Primer Concilio de Nicea (20 de mayo al 25 de julio de 325) para terminar con algunos de los problemas doctrinales que infectaban la Iglesia de los primeros siglos, especialmente el arrianismo. Los historiadores señalan que la principal preocupación era la unidad del Imperio.

Imperio romano bajo Constantino

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La veneración a María, las imágenes, la Trinidad, la naturaleza de Cristo, y otras creencias que serían dogmáticas luego, se formaron durante las discusiones de carácter teológico en el consejo de Nicea. Lo cierto es que, por el análisis de las cartas escritas por Constantino, se evidencia una gran carencia de formación teológica, y los estudiosos descartan la posibilidad de que él pudiese haber influido en la doctrina de la Iglesia debido justamente a este desconocimiento en teología.

Primer Concilio de Nicea

 

Constantino inauguró el concilio vestido imponentemente, dio un discurso inicial ataviado con telas y accesorios de oro, para demostrar justamente el poderío del Imperio por un lado, y el apoyo e interés al concilio desde el estado, por el otro. El estado proveyó de comida y alojamiento, e incluso de transporte, a los obispos que convergieron a Nicea para el concilio. Por otro lado, si bien habían existido concilios antes que el de Nicea, éste fue el primer Concilio Ecuménico (universal), con la participación de alrededor de 300 obispos (la mayoría de habla griega), lo cual represento una minoría ya que en todo el territorio del Imperio había cerca de 1000 obispos.

Constantino, ejerciendo su poder absoluto, hizo recitar al ejército sus pregones en latín en un intento de convertir a la clase militar al cristianismo, cosa que no consiguió. Comenzó un extenso programa de construcción de iglesias en Tierra Santa, lo que expandió de forma crucial la fe cristiana y permitió un considerable incremento del poder y la influencia del clero.

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Constantino respetaba la cultura y el cristianismo, y su corte estuvo compuesta por viejos, respetados y honorables hombres. A aquellas familias romanas que rehusaban el cristianismo se les denegaban las posiciones de poder, si bien dos tercios de los altos cargos del gobierno siguieron siendo no cristianos.

Constantino planificando Constantinopla (Estambul)

Constantino retiró su estatua de los templos paganos. La reparación de estos templos fue prohibida, y los fondos fueron desviados en favor del clero cristiano. Se suprimieron las formas ofensivas de adoración, fueran cristianas o paganas. En la reinauguración de Constantinopla en 330 se efectuó una ceremonia mitad pagana y mitad cristiana.

San Constantino I el Grande

La Iglesia Ortodoxa venera a Constantino I como santo y le dio el título de Equiapóstolico por sus servicios a la iglesia. Su fiesta es el 21 de mayo. Las Iglesias católicas orientales también lo consideran un santo, pero no es así en el caso de la Iglesia latina o romana.

CONSIDERACIONES

La importancia del Primer Concilio de Nicea reside en la formulación del Credo Niceno (redactado en griego, no en latín) que esencialmente permanece inalterado en su mensaje hasta hoy día, 1700 años después, y en establecer la idea fundamental de la relación estado-iglesia que permitiría la expansión del cristianismo con una vitalidad inédita.

Los Primeros Cristianos ~ (Capitulo – 1) ~ El Escándalo de la Cruz ~ 1/2

El cristianismo, sin duda ha forjado la sociedad europea, pero los resultados de la relación estado e iglesia o el cristianismo vinculado al poder, junto al fanatismo religioso, han dejado también unas tristes huellas que aconseja el laicismo como base política de los estados modernos.

Los Primeros Cristianos ~ (Capitulo – 1) ~ El Escándalo de la Cruz ~ 2/2

En la actualidad, se considera al laicismo europeo la doctrina que defiende la independencia del hombre y especialmente del Estado de toda influencia eclesiástica o religiosa, tomando protagonismo pleno la Carta Universal de los Derechos Humanos (ONU – París 1948).

Recopilación y Edición

Martín Ferré

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